Welcome to my blog :)

rss

viernes, 30 de julio de 2010

Escalera de color


Últimamente me ha dado por jugar al póker. No hace mucho que aprendí, una tarde en un bar entre mucho kalimotxo y humo cargado de olores varios. Aún no sé cómo conseguí retener tanta información con una neuronas tan desgastadas, y más teniendo en cuenta mi manifiesta nulidad para el mus y otros tópicos universitarios. Será que he pasado más tiempo en clase que en la cafetería, buena señal.
El caso es que el póker me intriga sobremanera, y he estado practicando, y mucho. En persona, online y con mi vida y mis emociones. Porque todo, absolutamente todo, lo que me ha pasado últimamente es comparable con el póker. Nadie a mi alrededor es lo que parece, tienen una jugada en la mano que nunca llegan a enseñar, tener las mejores cartas no te garantiza la victoria, y además tengo que poner cara de que nada ocurre, porque al menor atisbo de emoción los buitres se abalanzan sobre mí como si de un trozo de carroña se tratara. Una danza de cálculos mentales, gestos calculados, sonrisas forzadas y besos malintencionados, que giran en espiral, mareándome y sumergiéndome en una vorágine sin precedentes, en la que resistir y no ser vencida es mi máxima.
Al menos ahora, que ya sé que estoy jugando, porque antes era el monigote que desconocía que estaba jugando a un juego tan serio, que acabar con el alma hecha añicos es lo más leve que me puede pasar. Y en mi estupor al verme rodeada de tanto despropósito he decidido buscar una salida, pero una salida a la altura de las circunstancias y de las apuestas manejadas. Un farol en toda regla, de película, con todas mis emociones contenidas en un estúpido segundo en el que creí que mi corazón se había fusionado con mi cerebro y solo podía sentir mis sienes palpitar. Me tiré el farol de mi vida, a costa de mi felicidad e infelicidad sentimentales futuras, un todo o nada que me va a pasar factura salga bien o mal.
Han pasado varios días desde ese momento, y la dificultad de mantenerlo aumenta exponencialmente a medida que lo hacen los temores también. No sé bien qué hacer. Puede que un pequeño rasguño a tiempo me haya traído la tranquilidad futura, o que yo sola haya dado por perdida una partida empatada. No lo sé. Ojalá una escalera de color apareciese en mi rescate, la necesito, necesito ganar esta partida y demostrar que conmigo no se juega.

lunes, 26 de julio de 2010

Ojala no te hubiera conocido nunca





¿Por qué las decisiones inteligentes duelen tanto? ¿Por qué a pesar de saber que estás haciendo lo correcto, te sientes peor que si no hubieses hecho nada?


Creo que nunca había visto gente tan retorcida. Íbais a acabar con mi salud mental. No puedo más. En serio, que os den.

martes, 20 de julio de 2010

Desencuentros en la tercera fase.

Un kalimotxo, dos kalimotxos, N kalimotxos. Te ves envuelta por esa densa nube del alcohol. La mente baila y juega. Afloran sentimientos que creías haber encauzado perfectamente en dirección al olvido, y notas como la caballería vuelve al galope, dispuesta a arrasar los campos que veías reverdecer últimamente. Plantas los pies en el suelo, procuras que lo único que se mueva sea el dichoso barco sacudido por el vaivén alcohólico, y pones cara de póker. Que nadie vea que estás en plena nostalgia, mientras reconstruyes los diques con los que habías ganado esos valiosos metros. "A la mierda!!!" surge un rugido interno mientras te dejas arrastrar por la música, brincando y gritando cual posesa.
Y de pronto zas! Un desencuentro, cara a cara. Porque las veces que os habíais visto a cierta distancia, no cuentan. Alguien a quien no esperabas ver, un choque que siempre temiste, porque jamás sabrías cómo reaccionar. No era "ÉL". Pero tampoco se quedaba atrás. "Sigue con la cara de póker" piensas en tu delirio ebrio, mientras buscas que tus palabras suenen coherentes, porque lo de sonar inteligente, o en su defecto ingeniosa sabes que está fuera de tu alcance esa noche. Y, de pronto, oh sorpresa, descubres que la tirantez en tu cara no es tal, y que tampoco te sientes particularmente tensa. Salvas la situación, una pseudoconversación medianamente normal, amable incluso, con mucha menos incomodidad de la que jamás habrías previsto. Nunca volverá a ser lo de antes, pero te conformas con saber que ya no albergas instintos asesinos.
Y te sientes extrañamente madura, por encima de algunas cosas, con cierta fortaleza, aunque claro, todo ello magnificado por el caleidoscopio kalimotxil que llevas encima. Cosas que pasan...