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lunes, 14 de febrero de 2011

De lo que fue y no será

Me he enterado de que te vas. Nunca el boca a boca funcionó tan eficientemente, ni en un periodo tan corto de tiempo, y en menos de veinticuatro horas, desde que lo sé, he conseguido pasar por mil estados emocionales diferentes, a pesar de que no debería moverme ni un solo pelo si vas o vienes, o si lo haces solo o acompañado. Pero el caso es que te vas. Y solo. Y al parecer mis emociones, tan aparentemente estables, se han desatado.
Todo empezó con la noticia, te vas más allá del Ebro. Me sale una sonrisa, tímida al principio, va amplíandose, junto con una sensación de alivio, hasta volverse exultante. Incluso estúpidamente lloro de alegría, al saber que tendré que dejar de incluirte en mis cálculos de múltiples variables, cada vez que escojo el camino de baldosas amarillas que me lleva de vuelta a casa, por fin saldrás de la ecuación. Hasta ahí todo perfecto, sin fallos.
Pasan las horas, y un error de cálculo, junto con variables no tenidas en cuenta, nos coloca a tí y a mí en el mismo sitio, hora, compañía y conversación. Disuelta la compañía, el hecho de vivir en la misma dirección hace que compartamos parte de las baldosas amarillas, y de nuevo, conversación. Trabajo, estudios, futuro, trivial, general, INTRANSCENDENTE. Me amplías levemente los detalles de tu marcha, pregunto educadamente, nada relevante, conversación plana, anodina. Tu portal, "Ya nos veremos y hablaremos" dice, "No creo" digo muy ufana, el rencor siempre me sale cuando no debe, un "buena suerte" a tiempo hubiese bastado. Sigo para casa, y de repente, estúpida de mí, descubro que no puedo parar de llorar.
Las lágrimas se me salen solas, a borbotones, resbalan y caen por su propio peso, y no son de alegría, lloro porque te vas, aunque no tenga sentido, porque en realidad hace mucho que ya te has ido. No tienes nada que ver con mi vida, y tampoco lo quiero, SÉ que no pintas nada en ella. Pero lloro. Y no consigo parar.
Después de todas las tinieblas parece que se me había olvidado que te quise de verdad, y que tu una vez fuiste el chico de los besos con sabor a palomitas, y quien aquél día no quiso darme la mano porque como llevabas guantes no iba a poder sentirla, y no tenía sentido.
Nunca más tendrá sentido, y aunque sé que nunca más serás tú, no me perdonaría jamás el caer de nuevo el tus redes, no voy a conformarme con alguien que no pueda hacerme sentir mil y una cosas a la vez, como una vez hiciste tú. Al parecer aún puedes.
Ahora sí, espero que todo te vaya muy bien, de corazón. Aunque no pueda decírtelo, porque se caería mi caparazón. Y ámbos sabemos que hace mucho que te dejé de importar lo suficiente. Hasta siempre.