Se supone que cuando conoces a alguien hay feeling, química, o como se diga, pero todo viene a decir lo mismo, que las conexiones de tu cerebro se descontrolan, sin saber de dónde procede esa oleada de sensaciones. Suelo ser inmune a ella, porque un exceso de química a veces hace estallar cosas por los aires, dinamitando hasta el más cínico de los pensamientos que tanto tiempo y veneno suelen requerir.
Hasta ahí la teoría, porque mi cabeza, y lo que no es mi cabeza, lleva poco más de una semana en una sucesión de fuegos artificiales, a cual más espectacular y ruidoso. ¿La culpa? Un alguien que no sé de dónde ha salido y que me derrite absolutamente, aunque me empeñe en disfrazarlo con sarcasmos e ironías varias.
Puede que hacerme esta pregunta lo estropee todo, pero ¿hay vida más allá de la explosión de tantas hormonas, química, pasión y besos robados?
Realmente no creí que pudiese volver a pasarme a mí.

