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miércoles, 27 de abril de 2011

Peces fuera del agua

Ésta es la enésima vez que te escribo desde que empecé este blog, y aunque el mensaje ha ido variando claramente, o al menos eso espero por mi bien, resulta curioso que, a pesar del paso del tiempo, siempre queda algo que decirte.


Empiezo a creer que nuestra inexistente relación es como un enorme pez fuera del agua. Lo sacas, y lo tiendes sobre el suelo, observándolo mientras expira, pero ves cómo colea, y se retuerce, salpicando a quienes lo miran. Y cada vez se mueve menos, con menos intensidad, pero no puedo dejar de mirar los estertores de la muerte, esperando el último de ellos y el posterior silencio sepulcral que tanto anhelo.


Pero no, en forma de ínfimas gotas aún te las ingenias para salpicarme. Y yo, que sigo ahí mirando, las noto. A veces, tus movimientos son como el aleteo de una mariposa, imperceptibles, pero perfectamente calculados y con efectos devastadores. Y debo reconocer que es mi culpa, por seguir hipnotizada con la dichosa danza de la muerte de algo que a veces dudo en si mereció la pena.

viernes, 15 de abril de 2011

Filosofía de bar

Un jueves o viernes cualquiera, una mesa, dos amigas, acompañadas de sus respectivas cañas o kalimotxos, al gusto de cada consumidora, juegan a arreglar el mundo. Un juego complicado, de rol, de estrategia, que va tornándose más y más serio a medida que el nivel de alcohol en sangre aumenta. Puede que la dicción vaya estropándose, pero la sinceridad y gravedad de la conversación aumenta exponencialmente a cada trago, dando lugar a confidencias e incluso a desgarradoras declaraciones. Se hurga en el pasado, en el lado oscuro, y se extraen poderosas conclusiones. Puede que muchas de ellas se vayan con la resaca, o al darnos cuenta de que nuestra capacidad de hacer cambios radicales es frustrantemente limitada, o que la cobardía es un rasgo demasiado humano para haber nacido libres de él. Pero siempre queda ese poso, el de saber que por un rato hemos sido capaces de leer el mapa de nuestra propia existencia, que la nebulosa alcohólica tiene más luz que un perfecto día de verano, que no somos ajenas a nuestra propia realidad, o que no desconocemos a esa persona ojerosa que nos saluda a diario desde el espejo del baño. Dicho así suena perfecto, esclarecedor incluso, pero en ocasiones contribuye a que a la desmesurada sed que sentimos al día siguiente, haya que añadirle un regusto amargo, porque sabemos que durante un rato nos sentimos iluminadas, para luego volver a ser simplemente nosotras mismas.

lunes, 11 de abril de 2011

Amueblando

Siempre he creido tener la cabeza bien amueblada, pero hay veces en que pienso que muchos de esos muebles los compré en Ikea, y pasado el tiempo de gracia, se están empezando a escacharrar, dejando en evidencia su fragilidad y los efectos del Low Cost.


Y es que a veces acabo metida en cada fregado, del que no sé ni cómo salir, ni qué hacer, y me pregunto si no debería haberlas visto venir. Creo que ha llegado el momento de invertir en toscos muebles de roble barnizado, que no serán tan modernos ni aparentes, pero si mucho más duraderos y contundentes.

viernes, 18 de marzo de 2011

I'm not that lonely

La soledad es un sentimiento curioso, te hace recordar, y anhelar cosas que sabes que, ni quieres ni necesitas. Simplemente en ese ligero instante de debilidad, tu mente se desconecta y vuela a lugares de tu alma que ya habías dejado vistos para sentencia. Sólo hay que recordar que si estaban ahí, ahí se quedan.

lunes, 14 de febrero de 2011

De lo que fue y no será

Me he enterado de que te vas. Nunca el boca a boca funcionó tan eficientemente, ni en un periodo tan corto de tiempo, y en menos de veinticuatro horas, desde que lo sé, he conseguido pasar por mil estados emocionales diferentes, a pesar de que no debería moverme ni un solo pelo si vas o vienes, o si lo haces solo o acompañado. Pero el caso es que te vas. Y solo. Y al parecer mis emociones, tan aparentemente estables, se han desatado.
Todo empezó con la noticia, te vas más allá del Ebro. Me sale una sonrisa, tímida al principio, va amplíandose, junto con una sensación de alivio, hasta volverse exultante. Incluso estúpidamente lloro de alegría, al saber que tendré que dejar de incluirte en mis cálculos de múltiples variables, cada vez que escojo el camino de baldosas amarillas que me lleva de vuelta a casa, por fin saldrás de la ecuación. Hasta ahí todo perfecto, sin fallos.
Pasan las horas, y un error de cálculo, junto con variables no tenidas en cuenta, nos coloca a tí y a mí en el mismo sitio, hora, compañía y conversación. Disuelta la compañía, el hecho de vivir en la misma dirección hace que compartamos parte de las baldosas amarillas, y de nuevo, conversación. Trabajo, estudios, futuro, trivial, general, INTRANSCENDENTE. Me amplías levemente los detalles de tu marcha, pregunto educadamente, nada relevante, conversación plana, anodina. Tu portal, "Ya nos veremos y hablaremos" dice, "No creo" digo muy ufana, el rencor siempre me sale cuando no debe, un "buena suerte" a tiempo hubiese bastado. Sigo para casa, y de repente, estúpida de mí, descubro que no puedo parar de llorar.
Las lágrimas se me salen solas, a borbotones, resbalan y caen por su propio peso, y no son de alegría, lloro porque te vas, aunque no tenga sentido, porque en realidad hace mucho que ya te has ido. No tienes nada que ver con mi vida, y tampoco lo quiero, SÉ que no pintas nada en ella. Pero lloro. Y no consigo parar.
Después de todas las tinieblas parece que se me había olvidado que te quise de verdad, y que tu una vez fuiste el chico de los besos con sabor a palomitas, y quien aquél día no quiso darme la mano porque como llevabas guantes no iba a poder sentirla, y no tenía sentido.
Nunca más tendrá sentido, y aunque sé que nunca más serás tú, no me perdonaría jamás el caer de nuevo el tus redes, no voy a conformarme con alguien que no pueda hacerme sentir mil y una cosas a la vez, como una vez hiciste tú. Al parecer aún puedes.
Ahora sí, espero que todo te vaya muy bien, de corazón. Aunque no pueda decírtelo, porque se caería mi caparazón. Y ámbos sabemos que hace mucho que te dejé de importar lo suficiente. Hasta siempre.

viernes, 21 de enero de 2011

Sick and tired.

Últimamente noto como la desgana y la desidia se apoderan de algunos aspectos de mi vida, y no lo puedo evitar, porque encima ni siquiera encuentro la razón que me lleva a no querer arrastrar mi culo a todos esas costumbres sociales ancestrales que en el fondo me encantan/aban, y me están volviendo un tanto ermitaña.

Puede que sea porque hace mucho que no mato neuronas con el alcohol, y estén desbordantes de actividad, pero para mal, pensando más de lo debido en cosas que para nada me benefician, o el simple hecho que cuando quitas el trozo más grande de mierda que había en la alfombra, aún descubres que hay otros trozos no tan grandes, pero si significativos. Todo ello conlleva que me siento incómoda llamando por teléfono, me siento una extraña saliendo con mi cuadrilla y la otra nueva cuadrilla que se nos ha anexionado (en realidad no tengo nada claro quién ha anexionado a quién) pero a su vez no me apetece salir con otra gente alternativa, cada chico que se me acerca me parece un calco del anterior y sin un ápice de conversación medianamente interesante, y al final me vuelven mis miles de complejos que consiguen que me sienta incomoda en mi propia piel.

No sé, no quiero ser una bloguera más que se ahoga en sus penas y solo sabe escribir sobre ellas, pero me siento muy decepcionada con el mundo, con mis amistades, no consigo volver a esos momentos en que conectas con alguien, en cualquier ámbito, y la conversación fluye, me desespero, me agobio, pierdo la confianza en mí misma, y me pregunto si he encontrado mi lugar. La verdad es que todo parece indicar que no, que no es mi sitio, que una parte de mi vive de las rentas y recuerdos de lo que un día fue, y que de momento no es. Siento como si hubiese hecho un viaje a un lugar muy lejano, y el volver me costase un esfuerzo mucho mayor de lo que debería si yo de verdad quisiese volver.

Solo quiero viajar, conocer mundo, vivir un montón de experiencias, pero una parte de mi tiene miedo de no tener a donde volver, aunque por otro lado me siento tan desligada que no se si quiero volver. Ojalá pudiese saberlo.

jueves, 13 de enero de 2011

Tropezando ¬¬


Creo que voy a pintar con tinta indeleble de colores las piedras de camino en las que he tropezado y aunque el tiempo las haya pulido, y erosionado dándoles distinta formas, haciéndome creer que no son iguales, poder así identificarlas a pesar del paso de los años. Otra vez esa piedra, formada por un interés desmedido, un posterior acercamiento, varios acercamientos de hecho, y luego una gran vuelta de tortilla, en la que el perseguidor parece volverse el perseguido, y la interesada llega a sentirse pesada a la mínima, con el consiguiente cabreo. Si es que, con todo el material, con perdón, follable existente en Bilbao y alrededores, ¿por qué tengo que volver a tropezar con él? En serio, las piedras cambiarán de forma, pero en esencia siguen siendo iguales, y yo sigo tropezándome con ellas a sabiendas, porque por mucho que lo crea nunca es diferente. Tío, me pones, si, pero DE MUY MALA OSTIA.