He descubierto que hay cosas que no se decir. Supongo que se puede vivir una vida sin llegar a decir algunas de ellas, pero otras hay que saber decirlas.
Todos tenemos un caparazón, una coraza que nos evita ir en carne viva, una capa protectora, un escudo, una manta que nos envuelve y resguarda de los rasguños que la vida hace en nuestra alma. Pero a veces creo que yo no tengo coraza, creo que directamente vivo en un búnker. Un búnker que me protege de lo malo, pero de lo bueno también, que no deja entrar nada, pero tampoco salir, y siempre que salgo de él, impulsada por un rayo de sol, descubro que está nublado.
Puede que haya mejores palabras para decir lo que quiero decir, más claras y precisas, pero todas significan lo mismo. Quiero salir fuera de mi búnker por mi propio pie, sostenerme, andar y sentir. Sanar mis heridas, y que cuando mire hacia adelante tu estés ahí. Te quiero en mi vida, no se cómo voy a conseguir encajarte, pero te quiero ahí. No te vayas a ningún lado por favor, no mires hacia ningún otro lado por favor.
Siempre llego a la deshora que me marca el corazón, y cuando estamos a solas molesta el caparazón. Marea, "Los mismos clavos"


1 comentarios:
Ran, encantada de ser tu primera seguidora :) Y una vez más en el clavo. Yo también tuve mi propio búnker durante mucho mucho tiempo hasta que me dí cuenta exactamente de lo que dices, de que me estaba intentando proteger de lo peor a costa de perderme también lo mejor de la vida. Hace ya bastante que abandoné el búnker y si, desde entonces me he llevado alguna que otra ostia... Pero todas y cada una compensan por todo lo bueno que he vivido :)
Y que no te quepa ninguna duda de que escribes muuuy bien ;)
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