
Aquél día no tenía nada mejor que hacer. Cogió sus cosas, las dejó sobre el cesped y se tumbó en la hierba del parque. El sol, se colaba por entre las ramas del árbol bajo el que se cobijó, acariciando su piel. Se dejó envolver por el ambiente, sintiendo la magia de aquél inicio del verano. La respiración pausada, el frescor de la hierba bajo su cuerpo, y una cierta sensación de felicidad.
Le vino él a la memoria. Aquella fantástica tarde en aquél mismo parque, las manos entrelazadas, el contacto con su piel. La verdad es que no recordaba mucho más, quizá aquella horchata que compraron juntando las pocas monedas que llevaban encima. Pero por encima de todo recordaba la paz de aquella tarde. El volver a casa como si hacía días que hubiese salido de ella, después de haber viajado lejos, infinitamente lejos, a un planeta de solo dos habitantes.
Una lagrima se le escapó, tras aquellas gafas de sol. No se molestó en enjugársela, dejó que la gravedad hiciera de las suyas, para después dejarla caer al cesped. No era una lágrima de tristeza, en realidad, estaba contenta de haber podido recordar algo así. Algo bonito, para variar. Así que intentó acordarse de cosas bonitas, para poder archivarle a él, pensar en que algo bueno le tenía que haber dejado, cosas que le hicieran sonreir, porque se negaba a pensar que todo el tiempo invertido en él solo hubiese servido para "aprender la lección" y alimentar un rencor que había días en que lo había sentido tornarse odio.
E hizo la maleta de los recuerdos. Solo unas pocas cosas, lo suficientemente bonitas para poder sonreirle. Aquella ridícula flor barata, unos pocos cientos de sms, y por encima de todo, su olor. Aquella mezcla de colonia y tabaco, con lo que ella odiaba el tabaco, que combinados sobre su piel se volvían un imán irremediable, despertando los deseos más primarios, de una forma completamente animal. Ese olor que podía distinguir incluso en el bar mas atestado.
Sonrió para sus adentros.
- ¿Buscas algo bonito y te acuerdas de su olor?Pues estamos apañadas...
- Bueno, supongo que mejor recordar un olor que el hecho de que es un cabrón sin escrúpulos.
- Pues sí, mejor nos quedamos con el olor.
El sonido del móvil interrumpió sus reflexiones. Paradójicamente era él. Dejó que sonara, hasta que no le quedó más remedio que cogerlo. Y por vez primera no se sintió con ganas de ser amable, ni educada tan siquiera. El colgó, malhumorado. Y ella sonrió, petulante.
La sonrisa dio lugar a la carcajada, y por fin se sintió libre. Y supo que a pesar de todo iba a ser feliz, porque nadie tenía derecho a empañar su felicidad, exceptuando ella misma.


1 comentarios:
Me alegro de leer esto :)
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