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jueves, 19 de agosto de 2010

Super glue




He tenido el corazón hecho añicos en un número creciente de ocasiones. Se me rompe bastante fácilmente, el pobre está harto de tantos trotes y sufre achaques impropios de la edad. No se me rompe solo por cuestiones amorosas; las amistades fallidas, las decepciones, las traiciones vividas, y un largo etcétera contribuyen a que el pobre viva siempre en vilo, porque encima tiene que convivir con un caracter de una sensibilidad extrema que lo hacen estar expuesto a contínuos vaivenes.


Siempre he recogido los cachitos uno a uno, dependiendo la velocidad de recogida del tamaño de los mismos, he recompuesto el corazón y he pegado los trozos de la mejor forma posible. Cada vez son más visibles las cicatrices, pero siempre consigue estar entero.


Pero esta vez no, me rompieron el corazón sin siquiera yo ser consciente de ello. Y una vez que vi los trozos en el suelo, decidí que no tenía más remedio que agacharme a recogerlos. No he podido. No es que no sea suficientemente fuerte, sino que cada vez que me agacho a recogerlos surge algo más. Alguien, más bien él, pisotea esos trozos hasta convertirlos en simple polvo de cristal, y mientras ese polvo se me cuela entre los dedos, algo aún más inverosímil sucede, y es como si estuvieran pisándome los dedos. Voy a necesitar algo más que super-glue para recomponerme esta vez. Un corazón de piedra, de hierro, lo que sea. Algo en cuya caja no ponga FRÁGIL.


¿Cuánta más mierda puede salir? ¿Cuánto daño se puede llegar a infligir a una persona desde la inconsciencia, del no pensar?


Al menos aún estoy contenta de ser yo, porque hay peores cosas. Podría ser él. Y él tiene que convivir consigo mismo, lo cual creo que es el mayor castigo divino al que puede ser sometido.

domingo, 15 de agosto de 2010

A puerta cerrada


A puerta cerrada, a falta de llave con la puerta atrancada, para que nadie pueda interrumpir la danza de dos cuerpos sedientos de placer, recorriendo con los labios caminos mil y una veces explorados, abriendo nuevo senderos, donde gemidos y jadeos son la única banda sonora. Al final una huida, aunque la luz del amanecer ya ilumina las culpas de ella, y la deja a merced de las consecuencias de sus actos, y de su humana condición de tropezar varias veces con la misma piedra.


Nunca cometer errores tan garrafales fue tan placentero.


martes, 10 de agosto de 2010

Al borde...




En ocasiones Paulo Coelho me da arcadas. Y antes de que ningún acérrimo defensor de "El Alquimista" se lleve las manos a la cabeza, diré que no me meto con sus facultades como novelista, y mucho menos como escritor. Simplemente no puedo soportar ese neopositivismo aleccionador del que hace gala en sus columnas de semanario dominical, donde la palabra felicidad es la más repetida, y su mundo de Pin y Pon y gominola hace que se me suba el azucar hasta cotas inaceptables.

Nadie puede negarle grandes frases, e incluso momentos filosóficos inspiradores, pero a veces, llega el momento en que no me lo creo a él. No puede existir alguien tan Zen, espiritual, equilibrado y blanco. Y menos para alguien como yo, que se siente atraida por el lado oscuro de las personas, una especie de Alicia siempre al borde de un precipicio lleno de tinieblas, que ni siquiera necesita seguir al Conejo Blanco para precipitarse al vacío. Y así me va, claro. De ostia en ostia y tiro porque me toca. Vamos, que este año las colecciono, y ya las tengo hasta "repe".

Seguramente acercarme un poco a la luz me vendría bien, incluso adueñarme de cierta cantidad de filosofía barata, algo así como "Manual para gilipollas emocionales que necesitan sanar su vida". Puede que Bridget Jones tuviese el libro de autoayuda que necesito. Creo que me conformaría con un "Usted puede sacar la mierda de su vida y evitar que le vuelva a caer encima". Francamente, sería genial, lo necesito, hacer una limpieza profunda, sé que es lo que me hace falta, pero siempre me surge el mismo miedo, y es de los buenos. ¿Qué sucede si hago limpieza y descubro que no queda nada más? ¿Si quito la mala hierba y descubro que no queda nada plantado?

Estoy realmente aterrada ante la simple idea de estar sola, porque a pesar de que ya me siento así, sentirlo y estarlo podrían resultar una combinación demasiado dolorosa, y tengo dolor de sobra últimamente.

Puede que algún día pueda volver a ser la chica feliz y transparente que sé que un día fui, y aleccionar con mi filosofía de mercadillo a mis congéneres, pero hay una frase que, ahora mismo, me saca de mi ensoñamiento y me hace ir hacia adelante:



"Nadie puede hacerme sentirme mal sin mi permiso"