Vale, hay días que metería la cabeza en el horno, el congelador o donde sea con tal de no hablar más de lo que debería. Justo la persona ante la que debería de aparentar ser guapa, lista, centrada, y absolutamente evolucionada con respecto a historias pasadas, es ante la que pierdo los papeles. Con objeto de ser natural me encuentro ante una yo excesivamente simpática, torpona con las manos, sobre actuadamente alegre y despreocupada, y lo que es peor, de una sinceridad abrumadora. Si es que eso de que la sinceridad está sobrevalorada es una verdad como un templo, morderse la lengua a tiempo salva de las mas desastrosas situaciones, y evita que un comentario inocente, hecho con la motivación del no pensar en las posibles consecuencias pueda dar lugar a maliciosas malinterpretaciones futuras. Si es que ya sabía yo que calladita estoy preciosa. Y lo peor es que no se merece que le de las vueltas que le estoy dando, he sido maja, simpática, nada odiosa, nada rencorosa, una joya, solo que con la boca demasiado grande, y ahora mismo una dramática patológica. En fin, podría ser peor, digo yo. Mierda de mutismo selectivo, qué rabia me da caer en mi propia trampa...
viernes, 19 de noviembre de 2010
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3 comentarios:
Hola! las botas son de Stradivarius del año pasado (de Primavera) la verdad es que aunque eran caras han sido una buena inversión, son muy cómodas.
Por cierto, a mi también me pasa lo que a ti, en esas situaciones me pongo nerviosa y suelto lo 1º que se me viene a la cabeza, pero no te preocupes, que a veces es mejor que se enteren de lo que piensas ;)
Allanita
Estoy de acuerdo. Todo el mundo pide sinceridad, pero a la hora de verdad, cuando lo sueltas, no saben cómo reaccionar, se asustan.
Ay! muchas gracias! claro que me sirve, siempre!
Allanita
P.D. No abandones el blog, yo también lo he pensado muchas veces. Pero al final, lo que hago es escribir lo 1º que se me ocurre, que para eso lo cree ;)
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