El sentimiento de frustración, he descubierto, es uno de los más difíciles de apaciguar. Las cosas no salen como preveías, te molesta, y entras en una espiral de cientos de cuatrillones de pensamientos negativos, junto con otras tantas preguntas que empiezan por un recurrente ¿Y si hubiera o hubiese...? Nadas en un mar de culpas, tratando de repartirlas entre ti misma y el resto del universo, y no puedes sino enfadarte con el mundo entero.
Mi grado de frustración ahora mismo alcanza las más altas cotas en mi vida hasta el momento. Cuidado mundo, estoy jodida.


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