
A puerta cerrada, a falta de llave con la puerta atrancada, para que nadie pueda interrumpir la danza de dos cuerpos sedientos de placer, recorriendo con los labios caminos mil y una veces explorados, abriendo nuevo senderos, donde gemidos y jadeos son la única banda sonora. Al final una huida, aunque la luz del amanecer ya ilumina las culpas de ella, y la deja a merced de las consecuencias de sus actos, y de su humana condición de tropezar varias veces con la misma piedra.
Nunca cometer errores tan garrafales fue tan placentero.


1 comentarios:
Me suena que deje ya mi comentario, no se...
Si todos los errores que cometemos fueran tan placenteros, yo quiero seguir tropezando!
Me encanta como lo has descrito, Un besazo!
Publicar un comentario