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sábado, 31 de marzo de 2012

Calma

Hace meses que no escribo aquí. No es que no tenga nada que decir, pero a su vez es como si, efectivamente, no lo tuviera. Y es que a veces las cosas simplemente van bien. Tienes trabajo, una carrera, amig@s, una pareja estupenda, salud... Y lo que es más importante, te parece suficiente. Entierras descabellados anhelos, aceptas lo que hay. Te caes bien a ti misma, eres feliz y esas cosas.


Después de la tempestad simpre llega la calma. Y a veces, cuando el drama se esfuma, descubres que te queda poco o nada que escribir. Por supuesto que hay miles de cosas en el mundo sobre las que hacerlo, pero algunos blogs, todo hay que decirlo, tienen el fin de satisfacer un deseo ególatra que, empujado por los cangrejos de dolor punzante que se han instalado en la boca del estómago, nos llevan a escupir trozos de nuestra realidad al ciberespacio.


Por supuesto que te queda mierda dentro, simpre queda, luego depende mucho de tu habilidad para expulsar pensamientos depresivos de un cerebro a menudo demasiado hiperactivo. Pero es cierto que hay mierda de esa que lleva toda la vida ahí, tiene su rinconcito, has aprendido a vivir con ella, es lo que hay.


Ahora eres una tía menos intensa, de esas que se preocupa por las dimensiones que está adquiriendo su culo, de si la celulitis que campa en la retaguardia desaparecerá si se frota con cremas, o llegará a tiempo a la operación bikini. Banalidades. Pero banalidades felices al fin y al cabo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Coherencia: Actitud lógica y consecuente con una posición anterior.

Coherente: Que tiene coherencia.


Estas son las definiciones que aportan los eruditos de la RAE a palabras tan gordas, pero en su "infinita sabiduría" se les olvidó apostillar: conseguirla es difícil de cojones.

Y es que en el camino de ser más madura, blabla y todas esas cosas, he descubierto que la coherencia es tan indispensable y apreciada, como complicada. Que lo que se dice y lo que se haga sean lo más similares posibles es un ejercicio contínuo de integridad, memoria y autodisciplina.


Pero muchas veces te sientes terriblemente sola en esta cruzada por ser consecuente, que no digo que lo consiga, y a menudo te encuentras a ti misma enarcando una ceja mentalmente (y en casos muy flagrantes no tan mentalmente) y pensando "pero tú, alma de cántaro, ¿¿¿no decías ayer mismo que tal y cual pascual, que la abuela fuma y no tiene tabaco y hoy resulta que si???"


Si, la incoherencia es un error muy humano, pero que lo sea no significa que me guste. Opino que nuestras ideas, principios, opiniones y juicios son parte de lo que somos y en el momento que alguien que esgrime unos argumentos con admirable convicción, arrancándonos un aplauso interior por ser tan firme en sus convicciones, para poco tiempo después echar por tierra con sus actos sino todo, gran parte de lo que ha salido por su boca, provoca una sensación bastante desagradable.


Me gustan las palabras, pero acompañadas de los actos. Me gusta la coherencia, porque es la mejor forma de asegurarme que conozco a esa persona y poder aceptarla tal y como es, sin falsas expectativas, ni grandes decepciones.


A veces me da por pensar, ¿es que la coherencia ya no se estila?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Pasear descalza por el parque II

El parque siempre había estado ahí, inicialmente uno de los pocos pulmones verdes en aquella ciudad, antaño gris, que se había tornado moderna y emergente, puliendo una belleza que siempre existido para quien quisiese verla.


No era el habitat natural de ella, había estado allí, si, paseando en un enorme triciclo rojo que alquilaban en la caseta en su tierna infancia, e incluso había respirado la tranquilidad de tumbarse al sol en el cesped, sin más compañía que un libro, en temporadas que su vida personal la perturbaba sobremanera, pero nunca había sido una constante en la vida de ella.


Pero lo cierto es, que llevaba unos pocos meses pasando horas que desearía que fueran eternas en aquel parque. Primero en el cesped, después, cuando la hierba se volvió fría, en los bancos. No iba sola al parque, iba con ÉL, el nuevo él de su vida. Y resulta que había descubierto la felicidad en la más absoluta sencillez: un parque, un par de cervezas, caricias, susurros, unas manos entrelazadas y besos, cientos de miles de besos al son de un tímido y titubeante te quiero.


Ella no buscaba nada más, opinaba que los actos grandilocuentes solo enmascaraban la verdadera naturaleza de las cosas, pero en ocasiones, temía ahogarse entre tanta sencilla perfección. Quería vivir el momento, y realmente deseaba con todas sus fuerzas poder abrirse, y reconocer ante él que la había ganado, poco a poco, sin hacer nada, solo con su compañía, pero realmente temblaba ante aquel punto de inflexión.


Abrirse, equivalía a mostrarse vulnerable, reconocer ese pellizco en el estómago cada vez que llevaban demasiados días sin verse, suponía demostrar necesidad. Si destapaba la urna de sus sentimientos, temía que los días de sencillez en el parque terminarían, dando paso a complicadas tardes en algún nuevo lugar, pero también sabía que no podría quedarse en el parque por siempre. Dificil cuestión.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Comparando

¿Por qué no vemos que realmente todo puede ir mejor hasta que no tenemos con qué compararlo? Porque efectivamente todo puede mejorar, y una vez que sucede, no entiendes como pudiste dudar antes. La vida es cíclica, unas veces se está arriba, y otras abajo, sólo depende de la personalidad y circunstancias de cada cual el periodo que se está en cada una de las posiciones. Todo pasa por algún motivo, las cosas van, vuelven, nos estallan en la cara, o nos sorprenden gratamente. Hay que estar preparado para todo, no sólo para encajar lo malo, sino para aceptar y saber ver lo bueno también. Porque a veces, en medio de cierta oscuridad, solemos olvidarnos de que nos merecemos lo bueno, que también nos toca un trozo de esa tarta y que las malas rachas también llegan a su fin. A veces nos damos cuenta solos, otras, necesitamos encontrarnos a gente fantástica que nos enseñen el camino. Me suele costar verla, pero existe, y doy las gracias por ello.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Química de ida y vuelta

Se supone que cuando conoces a alguien hay feeling, química, o como se diga, pero todo viene a decir lo mismo, que las conexiones de tu cerebro se descontrolan, sin saber de dónde procede esa oleada de sensaciones. Suelo ser inmune a ella, porque un exceso de química a veces hace estallar cosas por los aires, dinamitando hasta el más cínico de los pensamientos que tanto tiempo y veneno suelen requerir.


Hasta ahí la teoría, porque mi cabeza, y lo que no es mi cabeza, lleva poco más de una semana en una sucesión de fuegos artificiales, a cual más espectacular y ruidoso. ¿La culpa? Un alguien que no sé de dónde ha salido y que me derrite absolutamente, aunque me empeñe en disfrazarlo con sarcasmos e ironías varias.


Puede que hacerme esta pregunta lo estropee todo, pero ¿hay vida más allá de la explosión de tantas hormonas, química, pasión y besos robados?


Realmente no creí que pudiese volver a pasarme a mí.

sábado, 20 de agosto de 2011

Sexo en ninguna ciudad





Esta entrada corre peligro de ser un artículo aparecido en una mezcla de la ya desaparecida SuperPop (D.E.P.) y la tan "aventajada" Nuevo Vale. Y es que las infinitas reposiciones de Sexo en N.Y. que ofrece Divinity han hecho un poco de mella en mis reflexiones sobre qué es lo que quiero hacer con mi cuerpo serrano, aunque espero poder exponerlas de una forma más realista y menos trasnochada que Mrs. Carrie Bradshow, que siempre ofrecía una versión edulcorada de las relaciones.

En mi caso me centro más bien en la ausencia de ellas, y no me refiero al celibato, sino a la soltería, estado en el cual me siento bastante a gusto. No me gusta dar explicaciones, y ahora mismo por nada del mundo tengo yo el alma preparada para dejar a nadie anidar en él, y así es como, creo, quiero estar. Ahora viene la segunda parte del asunto. Que quiera estar soltera, no significa, ni por asomo, que mis hormonas no sufran revoluciones que ni el mayor halijo de chocolate belga pueda parar, y ahí empiezan mis tiernas dudas.



Humanamente, me gusta el sexo, y mi cuerpo no hace ascos a alegrías varias, pero es que no sé a qué atenerme. El rollo de una noche nunca me ha gustado. Es decir, puedo liarme con alguien una noche pero sin incluir el sexo en el menú, suelo preferir dejarlo para el día siguiente, si el trailer me deja con ganas de ver la peli. Acabar en casas de desconocidos, sórdidos hostales, o peores sitios, nocturnamente aconsejada por unos cubatas en sangre me parece tener los boletos de que pueda ser más que insatisfactorio. Luego las cosas pasan como pasan, pero preferentemente no me gusta encontrarme en esta situación.


También está la socorrida y modernísima forma de sexo: FOLLAMIGOS. En ello me ando ahora. En realidad soy reincidente en el mismo cuerpo, que tres años atrás dejé de catar por motivos de emparejamiento. Le veo la gracia al asunto, es divertido, y sé qué es lo que me voy a encontrar siempre. Pero tampoco lo disfruto al 100%. ¿Será que no soy lo suficientemente moderna? Pues es posible. Aunque más tiene que ver con el enganche que esta persona me suele causar, que consigue que haya días en los que me parece genial, y otros en los que el envenenamiento por Polonio parece la mejor opción. Pero suelo volver a él, me parece adorablemente ostiable, y eso no es bueno. Lo idealizo, pienso que ojalá lo conociese fuera de la cama, tener la opción de decir, "pues no majo, resulta que me caes mal" o tal vez todo lo contrario. Pero sé de qué va el tema, y que mi autoestima no ande por las nubes no significa que me vaya a inmolar y decirle algo bonito, pero presiento que esto va a terminar como el rosario de la Aurora, no porque esté enamorada(puede que platónicamente si), sino porque voy a acabar cabreada por la desatención in crescendo, me conozco, y él con una cara de "solo puedes tener mi cuerpo babe" Con lo que deduzco que el follamiguismo no está hecho para mí, o al menos no con él.


Quizá me falte fortaleza mental, o autoestima, o todo a la vez, o simplemente no sé lo que quiero. No quiero pareja, se supone que estoy disfrutando de mi soltería y libertad, pero nada me convence, o lo que me convence no lo consigo. Puede que me haya dejado llevar por la modernidad y cierta banalización del sexo que nos envuelve, como si no practicarlo nos excluyese de ser ciudadanos de mundo, o el todos con todos fuese la mejor opción. No lo sé. Ni mojigata, ni pornstar, pero algo se me escapa.

sábado, 13 de agosto de 2011

Borde no, esquina

A veces soy odiosamente borde; imprimo una mala leche desmesurada en comentarios triviales que hacen temblar al que los recibe. Una noche de fiesta, algún avispado "simpático" y pum, ostia verbal al canto. No es que sea ácida, directamente rozo la agriedad, y noto como se me escurre entre los labios. Es en esos días en los que mi habilidad para sociabilizarme se encuentra bajo mínimos, mi nivel de hostilidad es inversamente proporcional, y mis respuestas, aunque he de reconocer ingeniosas, son de un nivel de malfolladismo muy alto. Me molesta ser así cuando lo hago injustificadamente, y más por la sensación de no controlar lo que estoy diciendo. Solo siento la bomba cuando la oigo explotar. Y mi otro yo, el amabílisimo, que suele salir cuando no debe también, tiembla en su puesto. Escribo esto porque anoche me pasé, y mucho, no recuerdo textualmente, pero transgredí ciertas líneas de bordería con las que no me siento cómoda, y es mi forma de disculparme conmigo misma. Voy a trabajar en mi, porque haber alcanzado un nivel de amargura de solterona cuarentona con diez gatos antes de los 25 es, cuanto menos, inquietante. No quiero ser así, necesito reconectar con el mundo, y visto lo visto, tengo un laaaargo camino por delante.

sábado, 16 de julio de 2011

Frustración

El sentimiento de frustración, he descubierto, es uno de los más difíciles de apaciguar. Las cosas no salen como preveías, te molesta, y entras en una espiral de cientos de cuatrillones de pensamientos negativos, junto con otras tantas preguntas que empiezan por un recurrente ¿Y si hubiera o hubiese...? Nadas en un mar de culpas, tratando de repartirlas entre ti misma y el resto del universo, y no puedes sino enfadarte con el mundo entero.


Mi grado de frustración ahora mismo alcanza las más altas cotas en mi vida hasta el momento. Cuidado mundo, estoy jodida.

miércoles, 27 de abril de 2011

Peces fuera del agua

Ésta es la enésima vez que te escribo desde que empecé este blog, y aunque el mensaje ha ido variando claramente, o al menos eso espero por mi bien, resulta curioso que, a pesar del paso del tiempo, siempre queda algo que decirte.


Empiezo a creer que nuestra inexistente relación es como un enorme pez fuera del agua. Lo sacas, y lo tiendes sobre el suelo, observándolo mientras expira, pero ves cómo colea, y se retuerce, salpicando a quienes lo miran. Y cada vez se mueve menos, con menos intensidad, pero no puedo dejar de mirar los estertores de la muerte, esperando el último de ellos y el posterior silencio sepulcral que tanto anhelo.


Pero no, en forma de ínfimas gotas aún te las ingenias para salpicarme. Y yo, que sigo ahí mirando, las noto. A veces, tus movimientos son como el aleteo de una mariposa, imperceptibles, pero perfectamente calculados y con efectos devastadores. Y debo reconocer que es mi culpa, por seguir hipnotizada con la dichosa danza de la muerte de algo que a veces dudo en si mereció la pena.

viernes, 15 de abril de 2011

Filosofía de bar

Un jueves o viernes cualquiera, una mesa, dos amigas, acompañadas de sus respectivas cañas o kalimotxos, al gusto de cada consumidora, juegan a arreglar el mundo. Un juego complicado, de rol, de estrategia, que va tornándose más y más serio a medida que el nivel de alcohol en sangre aumenta. Puede que la dicción vaya estropándose, pero la sinceridad y gravedad de la conversación aumenta exponencialmente a cada trago, dando lugar a confidencias e incluso a desgarradoras declaraciones. Se hurga en el pasado, en el lado oscuro, y se extraen poderosas conclusiones. Puede que muchas de ellas se vayan con la resaca, o al darnos cuenta de que nuestra capacidad de hacer cambios radicales es frustrantemente limitada, o que la cobardía es un rasgo demasiado humano para haber nacido libres de él. Pero siempre queda ese poso, el de saber que por un rato hemos sido capaces de leer el mapa de nuestra propia existencia, que la nebulosa alcohólica tiene más luz que un perfecto día de verano, que no somos ajenas a nuestra propia realidad, o que no desconocemos a esa persona ojerosa que nos saluda a diario desde el espejo del baño. Dicho así suena perfecto, esclarecedor incluso, pero en ocasiones contribuye a que a la desmesurada sed que sentimos al día siguiente, haya que añadirle un regusto amargo, porque sabemos que durante un rato nos sentimos iluminadas, para luego volver a ser simplemente nosotras mismas.

lunes, 11 de abril de 2011

Amueblando

Siempre he creido tener la cabeza bien amueblada, pero hay veces en que pienso que muchos de esos muebles los compré en Ikea, y pasado el tiempo de gracia, se están empezando a escacharrar, dejando en evidencia su fragilidad y los efectos del Low Cost.


Y es que a veces acabo metida en cada fregado, del que no sé ni cómo salir, ni qué hacer, y me pregunto si no debería haberlas visto venir. Creo que ha llegado el momento de invertir en toscos muebles de roble barnizado, que no serán tan modernos ni aparentes, pero si mucho más duraderos y contundentes.

viernes, 18 de marzo de 2011

I'm not that lonely

La soledad es un sentimiento curioso, te hace recordar, y anhelar cosas que sabes que, ni quieres ni necesitas. Simplemente en ese ligero instante de debilidad, tu mente se desconecta y vuela a lugares de tu alma que ya habías dejado vistos para sentencia. Sólo hay que recordar que si estaban ahí, ahí se quedan.

lunes, 14 de febrero de 2011

De lo que fue y no será

Me he enterado de que te vas. Nunca el boca a boca funcionó tan eficientemente, ni en un periodo tan corto de tiempo, y en menos de veinticuatro horas, desde que lo sé, he conseguido pasar por mil estados emocionales diferentes, a pesar de que no debería moverme ni un solo pelo si vas o vienes, o si lo haces solo o acompañado. Pero el caso es que te vas. Y solo. Y al parecer mis emociones, tan aparentemente estables, se han desatado.
Todo empezó con la noticia, te vas más allá del Ebro. Me sale una sonrisa, tímida al principio, va amplíandose, junto con una sensación de alivio, hasta volverse exultante. Incluso estúpidamente lloro de alegría, al saber que tendré que dejar de incluirte en mis cálculos de múltiples variables, cada vez que escojo el camino de baldosas amarillas que me lleva de vuelta a casa, por fin saldrás de la ecuación. Hasta ahí todo perfecto, sin fallos.
Pasan las horas, y un error de cálculo, junto con variables no tenidas en cuenta, nos coloca a tí y a mí en el mismo sitio, hora, compañía y conversación. Disuelta la compañía, el hecho de vivir en la misma dirección hace que compartamos parte de las baldosas amarillas, y de nuevo, conversación. Trabajo, estudios, futuro, trivial, general, INTRANSCENDENTE. Me amplías levemente los detalles de tu marcha, pregunto educadamente, nada relevante, conversación plana, anodina. Tu portal, "Ya nos veremos y hablaremos" dice, "No creo" digo muy ufana, el rencor siempre me sale cuando no debe, un "buena suerte" a tiempo hubiese bastado. Sigo para casa, y de repente, estúpida de mí, descubro que no puedo parar de llorar.
Las lágrimas se me salen solas, a borbotones, resbalan y caen por su propio peso, y no son de alegría, lloro porque te vas, aunque no tenga sentido, porque en realidad hace mucho que ya te has ido. No tienes nada que ver con mi vida, y tampoco lo quiero, SÉ que no pintas nada en ella. Pero lloro. Y no consigo parar.
Después de todas las tinieblas parece que se me había olvidado que te quise de verdad, y que tu una vez fuiste el chico de los besos con sabor a palomitas, y quien aquél día no quiso darme la mano porque como llevabas guantes no iba a poder sentirla, y no tenía sentido.
Nunca más tendrá sentido, y aunque sé que nunca más serás tú, no me perdonaría jamás el caer de nuevo el tus redes, no voy a conformarme con alguien que no pueda hacerme sentir mil y una cosas a la vez, como una vez hiciste tú. Al parecer aún puedes.
Ahora sí, espero que todo te vaya muy bien, de corazón. Aunque no pueda decírtelo, porque se caería mi caparazón. Y ámbos sabemos que hace mucho que te dejé de importar lo suficiente. Hasta siempre.

viernes, 21 de enero de 2011

Sick and tired.

Últimamente noto como la desgana y la desidia se apoderan de algunos aspectos de mi vida, y no lo puedo evitar, porque encima ni siquiera encuentro la razón que me lleva a no querer arrastrar mi culo a todos esas costumbres sociales ancestrales que en el fondo me encantan/aban, y me están volviendo un tanto ermitaña.

Puede que sea porque hace mucho que no mato neuronas con el alcohol, y estén desbordantes de actividad, pero para mal, pensando más de lo debido en cosas que para nada me benefician, o el simple hecho que cuando quitas el trozo más grande de mierda que había en la alfombra, aún descubres que hay otros trozos no tan grandes, pero si significativos. Todo ello conlleva que me siento incómoda llamando por teléfono, me siento una extraña saliendo con mi cuadrilla y la otra nueva cuadrilla que se nos ha anexionado (en realidad no tengo nada claro quién ha anexionado a quién) pero a su vez no me apetece salir con otra gente alternativa, cada chico que se me acerca me parece un calco del anterior y sin un ápice de conversación medianamente interesante, y al final me vuelven mis miles de complejos que consiguen que me sienta incomoda en mi propia piel.

No sé, no quiero ser una bloguera más que se ahoga en sus penas y solo sabe escribir sobre ellas, pero me siento muy decepcionada con el mundo, con mis amistades, no consigo volver a esos momentos en que conectas con alguien, en cualquier ámbito, y la conversación fluye, me desespero, me agobio, pierdo la confianza en mí misma, y me pregunto si he encontrado mi lugar. La verdad es que todo parece indicar que no, que no es mi sitio, que una parte de mi vive de las rentas y recuerdos de lo que un día fue, y que de momento no es. Siento como si hubiese hecho un viaje a un lugar muy lejano, y el volver me costase un esfuerzo mucho mayor de lo que debería si yo de verdad quisiese volver.

Solo quiero viajar, conocer mundo, vivir un montón de experiencias, pero una parte de mi tiene miedo de no tener a donde volver, aunque por otro lado me siento tan desligada que no se si quiero volver. Ojalá pudiese saberlo.

jueves, 13 de enero de 2011

Tropezando ¬¬


Creo que voy a pintar con tinta indeleble de colores las piedras de camino en las que he tropezado y aunque el tiempo las haya pulido, y erosionado dándoles distinta formas, haciéndome creer que no son iguales, poder así identificarlas a pesar del paso de los años. Otra vez esa piedra, formada por un interés desmedido, un posterior acercamiento, varios acercamientos de hecho, y luego una gran vuelta de tortilla, en la que el perseguidor parece volverse el perseguido, y la interesada llega a sentirse pesada a la mínima, con el consiguiente cabreo. Si es que, con todo el material, con perdón, follable existente en Bilbao y alrededores, ¿por qué tengo que volver a tropezar con él? En serio, las piedras cambiarán de forma, pero en esencia siguen siendo iguales, y yo sigo tropezándome con ellas a sabiendas, porque por mucho que lo crea nunca es diferente. Tío, me pones, si, pero DE MUY MALA OSTIA.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La lista de la compra.

2010, ese ¿gran? año. Antes de empaquetarlo y mandarlo de una patada en el culo a la estratosfera, a orbitar con otros años nefastos para nunca más regresar, y antes incluso de maquinar la siempre incumplible lista de propósitos de año nuevo, que alguien con demasiado tiempo libre se molestó en inventar, he pensado hacer la anti-lista. Es decir, una lista de lo que he aprendido (profundo o trivial) este año, que ha sido mucho y no necesariamente positivo.

1. Una retirada a tiempo es gran una victoria. Gran verdad, ojalá lo hubiese aplicado a tiempo.

2. La gente no es más falsa porque no se entrena. Es lo que hay, el problema es que no lo ves venir por esa gran máscara de falsedad.

3. Unos cuernos solo te hacen más alta. Toda clase de pensamiento más allá solo consiguen minarte como persona, y dejarte sin autoestima.

4. Los cuernos se perdonan pero no se olvidan. Lo que es muy cierto, perdonar de corazón cuesta mucho, y más cuando no se pide perdón como es debido por cobardía.

5. No te fíes del todo de su omnipresente y majisisima amiga, algo no encaja. Poco que aportar al respecto, a los hechos me remito.
6. Ningún tío se merece que se arrastren por él. La dignidad es lo poco que siempre hay que mantener.
7. Me gustan los esmaltes de uñas de colores tanto como al “Asesino del Hielo”. Otra gran verdad, aunque menos trascendental XD.
8. Una situación sentimental masoquista y tormentosa engancha mil veces más que una idílica. No consigo explicarme por qué, misterios del ser humano, pero cierta en un 120%. La próxima vez que quiera pasarlo mal me clavaré astillas ardiendo bajo mis uñas de colores.
9. Aunque seas tía, un polvo puede ser solo un polvo, y disfrutar tanto como ellos. Nosotras no siempre buscamos “algo más”, puedo disfrutar de la situación sin complicarme la vida.
10. Eliminar a gente de las redes sociales no es algo deshonroso. Si ver algo te hace daño, se elimina, puro instinto de supervivencia.
11. El objetivo tras una ruptura es pasar página, no regodearse en ella. Después de una leve fase de “espionaje” masoquista, lo mejor es poner distancia de por medio, por muy bien que te caigan sus amigos y sepan lo mal que él se ha portado. Te siguen vinculando a él. Tiempo al tiempo.
12. Me merezco algo mejor. Si es eso lo que me va a aportar una relación, prefiero no tenerla. Quiero tener el mango de la sartén, al menos la de mi vida.
13. Valgo por lo que yo soy, no por lo que valgo cuando estoy con alguien. A veces debería habérmelo grabado a fuego.
14. Las amistades también se rompen, y no se puede vivir de las rentas de lo que un día fue. Nadie puede hacerme sentirme mal sin mi permiso.
15. Yo barro mi propia mierda, pero la tuya la barres tú. Hay gente que le das la mano y te coge el brazo.

Muchas de estas cosas son topicazos, o lecciones que en teoría creía saber. Pero hasta que no me vi en ello, y las aprendí en mis carnes no comprendí el verdadero significado de ellas. Solo espero no olvidar estas lecciones que con dolor (bastante) y lágrimas (muchas) he aprendido. De algo ha tenido que servir el 2010.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Verborrea incontrolable

Vale, hay días que metería la cabeza en el horno, el congelador o donde sea con tal de no hablar más de lo que debería. Justo la persona ante la que debería de aparentar ser guapa, lista, centrada, y absolutamente evolucionada con respecto a historias pasadas, es ante la que pierdo los papeles. Con objeto de ser natural me encuentro ante una yo excesivamente simpática, torpona con las manos, sobre actuadamente alegre y despreocupada, y lo que es peor, de una sinceridad abrumadora. Si es que eso de que la sinceridad está sobrevalorada es una verdad como un templo, morderse la lengua a tiempo salva de las mas desastrosas situaciones, y evita que un comentario inocente, hecho con la motivación del no pensar en las posibles consecuencias pueda dar lugar a maliciosas malinterpretaciones futuras. Si es que ya sabía yo que calladita estoy preciosa. Y lo peor es que no se merece que le de las vueltas que le estoy dando, he sido maja, simpática, nada odiosa, nada rencorosa, una joya, solo que con la boca demasiado grande, y ahora mismo una dramática patológica. En fin, podría ser peor, digo yo. Mierda de mutismo selectivo, qué rabia me da caer en mi propia trampa...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

A la mierdaaaaaaaaaaaaaaa


Después de la tempestad siempre llega la calma, dicen, pero lo que nadie te recuerda es que después del subidón que te da una vez que decides que la mala racha ya pasó, puede venir otra vez tu antiguo colega, el bajonazo, para hacerte compañía. Y mira que me gustan las montañas rusas, pero las de raíles, vagonetas y loopings, no las emocionales. Parezco una yonki de la estabilidad, pero es a lo único que aspiro, ser estable emocionalmente yo conmigo misma, y mis circunstancias, y que venga lo que tiene que venir. Vamos, que en resumidas cosas, tengo una semana de mierda, con momentos de RELIVE sobre mis antiguas miserias, y la verdad es que me cansa, eso de lamerme las heridas pues no va conmigo, y me frustro enormemente, quiero gritar, machacar, patear la mierda, lo que sea, pero no revolcarme en ella, necesito ocupar mi tiempo, me merezco un buen año, y voy a poner mi empeño en ello. Como si me lo tengo que tatuar en la frente y leerlo todas las mañanas al mirarme en el espejo. No quiero que un soplo de aire pueda conmigo a la más mínima, NO, la antigua yo ha muerto, yo fui a su funeral y no la echo de menos. Se acabó. Punto pelota.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cuando mi cuerpo te necesita estás ahí. En realidad has estado ocho largos meses esperando a que volviese a necesitarte. Una escalada de conversaciones, hormonas, expectativas por cumplir y atracción desmedidas dieron con nuestros cuerpos en ese asiento trasero de cristales tintados, volviendo a sentir nuestras pieles, y tu respiración en mi oído. Habían pasado dos años y volvimos a unirnos cual adolescentes en celo, llevados por las prisas de quien ha esperado demasiado. Únicamente debo de recordar que solo puedes caerle bien a mi cuerpo, el resto son terrenos vedados para mí, deberías de hacerte una camiseta en la que ponga EMOCIONALMENTE NO DISPONIBLE, para así no olvidarlo, mientras yo cometo la locura de caer en tus brazos, correspondiente a ese día, mes o año. Aunque cometer locuras contigo, siempre es un placer ;)

sábado, 30 de octubre de 2010

Vuelve a respirar


Toxicidad. Esa es la palabra que mejor te define. No pasa día en el que no pueda dejar de apreciar el aire fresco que me envuelve desde que no compartimos el continuo espacio-tiempo de todas las dimensiones paralelas existentes en las que llegamos a vivir. Aspiro profundamente, llenando mis pulmones, pero a veces no puedo evitar ponerme a toser como un carretero, al parecer el exceso de pureza no me sienta bien del todo. Jodido inconformismo, siempre dispuesto a dar por saco, aderezado con una pizca de masoquismo y un exceso de información sobre tu vida y circunstancias.


Sé que estoy donde tengo que estar, lejos, y que un día me acostumbraré al aire puro, porque sé que es lo que me conviene. A cada momento que pasa percibo más claramente mis pensamientos, cada uno de mis movimientos es más preciso, y mis ideas y mi lengua más afiladas. He cambiado, para bien, y lo sé, no me jacto, simplemente lo sé.


Pero te miro a ti, y sigues ahí, rodeado por esa humareda y esa tela de araña que has tejido en torno a ti, alejando lo poco bueno que tú y yo sabemos que tenías en tu vida, ahogándote en espirales de alcohol, de fiesta y de egolatría, incapacitado para admitir que tu vida necesita un nuevo rumbo. Necesitas que alguien te pare los pies, una ostia a tiempo, no esa micro-persona que justifica hasta tus mayores desatinos. Lo que sea, pero despierta, por favor. No pierdas a esa gran persona que siempre ha estado ahí porque no dice amén a todos y cada uno de tus despropósitos. Ojala pudiera hacer algo al respecto, pero ya no eres parte de mi vida, tu ego no aceptaría nada de mí, ni aunque yo fuese un cartel de luces de neón de dimensiones desproporcionadas indicando la solución de tu vida, y solo podré quedarme como mera espectadora, viendo cómo te ahogas lentamente, sin poder hacer nada.